domingo, 13 de julio de 2008














¡Nunca más dormiré al calor de un cuerpo! Nunca más: ¡qué hielo! Cuando esta evidencia me atrapó, vacilé en la muerte. la nada siempre me había espantado; pero hasta ese momento moría día tras día sin cuidarme de ello; súbitamente, de golpe, todo un pedazo de mí misma desaparecía; era brutal como una mutilación e inexplicable, pues no me había pasado nada". (Simone de Beauvoir, La fuerza de las cosas)

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