
"Hans Holbein pinta en 1522 El cristo muerto, y que a la postre será la obra que inspirará en Julia Kristeva la siguiente reflexión: ¡Este cuadro!...¡Este cuadro!¿Pero no sabes que al mirarlo un creyente puede perder la fe?[…] era la reproducción acabada de un cadáver humano que llevaba la impronta de los sufrimientos […] lo más extraño era la singular y apasionante pregunta que sugería la vista de este cadáver de ajusticiado: si todos sus discípulos, sus futuros apóstoles , las mujeres que le habían seguido y se mantuvieron al pie de la Cruz, quienes tenían fe en Él y le adoraban, si todos sus fieles tuvieron a la vista un cadáver como este ( y ese cadáver debía ser efectivamente así), ¿cómo han podido creer, frente a una visión semejante, que el mártir resucitaría? A nuestro pesar no podemos dejar de preguntarnos: si la muerte es algo tan terrible, si las leyes de la naturaleza son tan poderosas ¿cómo se puede triunfar sobre ellas? ¿cómo superarlas cuando no se han doblegado siquiera delante de Aquel mismo que en vida había subyugado a la naturaleza?[…] Cuando se contempla ese cuadro, uno se representa en la naturaleza bajo el aspecto de una enorme bestia implacable y muda”
Kristeva, Julia “El cristo muerto de Holbein” en: Fragmentos para una historia del cuerpo humano, España: Taurus, 1990 (Humanidades/ Historia) Pp. 247 – 2